Francisco villacorta bañOS




НазваниеFrancisco villacorta bañOS
страница3/35
Дата конвертации10.02.2013
Размер2.57 Mb.
ТипДокументы
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   35
que ha operado «sobre la inteligencia española de un modo lateral e indirecto», en concomitancia con «el movimiento político, la prensa y el trato internacional» '.


3 RAFAEL M.' DE LABRA en su primer libro escrito sobre la institución ateneísta: El Ateneo de Madrid. Sus orígenes, desenvolvimiento, representación y porvenir, Madrid, 1878, p. 12. En 1906 saldría su segunda aportación bibliográfica sobre él: El Ateneo de Madrid (1835 1905). Notas históricas, publicado en Madrid.

4 E. DURKHEIM. Educación y Sociología, Edición de Barcelona, 1975, pp. 52 53.

5 R. M.' DE LABRA: El Ateneo de Madrid... Notas.... p. 3.

4 FRANCISCO VILLACORTA BAÑOS


Por último, en cuanto Círculo literario y artístico, Labra compara el Ateneo madrileño con su homónimo londinense The Atheneum, aunque reduciendo a éste a la exclusiva entidad de club, a medio camino entre cenáculo político, tertulia literaria y reunión puramente social. Y en ese sentido apenas es posible dudar en situarlo entre el conjunto de agrupaciones, cafés literarios, círculos propagandísticos, sociedades patrióticas y clubs políticos que florecen por la misma época en toda Europa y cuya acción constituye una característica sociológica fundamental en la propagación del liberalismo en su sentido más amplio `. Sin embargo, la verdadera localización de las actividades artísticas y literarias ateneístas se producirá cuando los elementos integrados en ese impulso colectivo que generó el movimiento de liberalismo romántico se separen y se delimite, por una parte, el campo de una actividad artística acomodada a las nuevas experiencias culturales de los grupos sociales burgueses y más adelante a la autoafirmación estética de grupos intelectuales relativamente cerrados; por otra parte, el campo de las luchas políticas, apartando relativamente al Ateneo de la anterior implicación directa en el reclutamiento de los grupos de recambio en el gobierno de la Nación, síntoma, por otra parte, de la profunda mutación de las coordenadas sociales y jurídicas de la hegemonía subordinación política; y por último, el propio ámbito ateneísta como hogar espiritual de los intelectuales en su múltiple significado, espacio donde se eslabonan las diferentes generaciones en una continuidad de libre pensamiento que constituye la médula misma de la institución ateneísta.

En aquella consideración dinámica de las tradicionales actividades ateneístas tal vez sea éste el aspecto que permanezca más inalterable de toda su historia, lo que le hace llenar un hueco insustituible en la sociología de las instituciones científicas y culturales de la España liberal. En la evolución cultural contemporánea, la ciencia, la enseñanza, el mismo arte, van encontrando instituciones y formas de organización cultural más acordes con su sucesiva conjugación con los factores sociales básicos que les son propios: se decanta una mayor permeabilidad y especialización de los centros universitarios y se ensaya el giro hacia la investigación experimental; las editoriales, las exposiciones, el propio periodismo ofrecen perspectivas más sólidas para la creación artística y literaria. Pero de todos estos medios, ninguno puede sustituir al Ateneo en la tarea de poner en relación el pensamiento y el arte, la reflexión política y la didáctica erudita, el debate doctrinal y la emoción poética, en un permanente oficio de portavoz de todas las inquietudes intelectuales contemporáneas.


1 Conforme a los criterios metodológicos expuestos:  el Ateneo como institución dotada de una estructura interna, de alto debate doctrinal, educa


6 Véase K. Maim: Ensayos de sociología de la cultura, Madrid, 1957, p. 198.

EL ATENEO CIENTIFICO DE MADRID (1885 1912) 5


tiva, artística, con un lugar propio en la sociología de las instituciones culturales y aglutinadora de las experiencias culturales de varias generaciones intelectuales  este trabajo abarcará esos cuatro extremos del orbe ateneísta entre 1885 y 1912, pero discriminando de todos ellos las actividades que enmarquen líneas fundamentales de enfoque de la vida política, social, cultural, científica y literaria del momento, sea en una dimensión doctrinal, coyuntural o meramente erudita. En todo caso, las actividades ateneístas no abarcadas por esa primera selección tendrán su adecuado reflejo en el Apéndice final, donde junto a cada una de ellas, además, se añadirá el conjunto de testimonios literarios y periodísticos a ellas referidos, que expresan la presencia del Ateneo en la vida pública de la España contemporánea; testimonios de erudición sobreañadida de los que en algún caso se ha prescindido en el aparato erudito del texto en aras de una mayor simplicidad. Como complemento preliminar precederá a este núcleo fundamental del trabajo un esbozo histórico del Ateneo entre 1835 y 1885, el período mejor conocido, a través de las obras de Labra, Cánovas del Castillo ', Azaña ', Artiles García Martín Araujo Costa ", Ruiz Salvador y Garrorena Morales.

Este libro se ha realizado en el marco del Instituto de Historia jerónimo Zurita del C. S. I. C. En su acogedor ambiente y con la colaboración siempre cordial de todos sus miembros en los diversos aspectos y en las sucesivas fases que concurren hasta que una investigación cristaliza en libro, el trabajo, a pesar de todo, resulta siempre mucho más grato.


7 A. CÁNOVAS DEL CASTILLO: «De los cursos y maestros que más han enriquecido desde la cátedra del Ateneo la cultura española», Discurso leído el 31 de enero de 1884 por el Excmo. Sr. D. ..., Madrid, 1884.

8 M. AZAÑA: «Tres Generaciones del Ateneo», en 00. CC., t. I, México, 1966, pp. 620 637.

8 G. ARTILES: «De la época romántica: Larra y el Ateneo», Revista de la Biblioteca, Archivo y Museo, 9, 1931, pp. 137 151.

10 VICTORIANO GARCU MARTIN El Ateneo de Madrid (1835 1935), Madrid, 1948.

11 Luis ARAUJO COSTA: Biografía del Ateneo de Madrid,, Madrid, 1949.



  1. ATENEO ESPAÑOL (1820) Y ATENEO CIENTIFICO, LITERARIO Y ARTISTICO (1835 1885). UN SOMERO RECUENTO


1.POLITICA Y CULTURA EN LOS ORIGENES DE LA ÉPOCA LIBERAL: EL ATENEO

ESPAÑOL DE MADRID


Hay una época en la historia europea en que una concepción filosófica de la naturaleza humana y su cosmovisión social, los objetivos políticos de las clases dirigentes, los instrumentos y medios de difusión cultural, una difusa esperanza de cambio social y la más concreta de bienestar material, parecen querer materializarse en un proyecto sólido de transformación histórica que lleve a ,buen puerto la «infinita perfectibilidad del espíritu humano», permitiéndole desenvolverse en un mundo progresivamente pacífico y feliz. Esta época es la denominada, desde una visión culturalista, con el título genérico de Ilustración; su esperanza colectiva es el Progreso; su instrumento, la Razón; su engranaje social, la Ilustración Pública; y su motor político, el Despotismo Ilustrado. Visto desde una panorámica retrospectiva que abarca los siglos anteriores, este complejo fenómeno significa fundamentalmente la desacralización de la esperanza colectiva en un mundo más gratificante que el terrenal y su transferencia al terreno precisamente de las realidades humanas históricas, Sin embargo, algunos de estos elementos integrados al proyecto común resultan virtualmente incompatibles. La esperanza en el progreso de la sociedad, confiada a la sucesiva aplicación de la racionalidad a los asuntos humanos, contradice abiertamente los principios y móviles políticos tradicionales sobre los que se intenta asentar. Y así, en el desarrollo histórico, aquellos elementos permanecen unidos mientras dura el precario compromiso entre las fuerzas sociales que dan base al proyecto común y cuyo desarrollo en sí rnismo ayuda a vertebrar en estratos e intereses antagónicos. Cuando la burguesía y los grupos intelectuales ilustrados pongan en entredicho los valores sociales, económicos y políticos en que se asienta el fenómeno de la Ilustración los elementos conjugados en él se desintegrarán y adquirirán, al decantarse en el proyecto de la nueva sociedad, después de la conmoción histórica de la Revolución Francesa, una función y un significado diferentes. Con el

8 FRANCISCO VILLACORTA BAÑOS


liberalismo culminan los principios de la Ilustración, del mismo modo que su desarrollo termina por liquidarlos. Con el tiempo, los presupuestos racionales de la Ilustración se convierten en presupuestos formales; la esperanza en el progreso humano termina por legalizar el optimismo económico liberal y los anhelos de liberación social adoptan la forma de libertad individual. El optimismo que tendía a identificar libertad e igualdad se rompe.

Pero en el primer cuarto del siglo XIX el tejido ideológico del liberalismo está todavía por desarrollar en todas sus potencialidades y los ideales y el mismo lenguaje de los Philosophes del xviii conviven con estructuras políticas y sociales decididamente liberales. En contrapartida, como ha señalado A. Elorza, concretándonos ya al marco español, la ideología liberal informa algunas de las manifestaciones del pensamiento ilustrado peninsular '. R. Herr ha puesto también de manifiesto el planteamiento historicista de los ilustrados liberales para enraizar su propia ideología progresista en eslabones perdidos de la entraña tradicional española: el «constitucionalismo» anterior a la monarquía absoluta de la casa de Austria '.

Existe, en definitiva, una continuidad de objetivos, métodos e instrumentos de acción político cultural entre algunos ilustrados del XVIII y los primeros representantes genuinos del liberalismo, cuya primera obra de carácter teórico normativo, la Constitución de Cádiz, ratifica con arquetípica ejemplaridad `. Concretándonos a, la esfera de la cultura en sentido amplio, se suele coincidir en la apreciación de los instrumentos que han contribuido a la difusión de las «luces» y de la cultura superior contemporánea. Para R. Herr tres de ellos son particularmente importantes: Los periódicos, las Universidades y las Sociedades de Amigos del País» '. Rafael M. de Labra, demócrata, republicano, internacionalista y más próximo a las fuentes de los acontecimientos como hombre del xix, lo expresa con mayor precisión:


«En la producción y el desarrollo de nuestra superior cultura contemporánea destacan dos clases de elementos, la primera está formada por los elementos que podríamos llamar docentes (Oficiales, particulares, cientificos, vulgarizadores, etc.) y que han operado sobre la inteligencia española de un modo directo. La otra clase ha realizado esto de un modo lateral e indirecto: dentro de ella están el movimiento político, la prensa y el trato internacional.»


1 A, ELORZA: La Ideología liberal de la Ilustración española, Madrid, 1970.

2 R. HERR: España y la Revolución del siglo XVIII, Madrid, 1973, concretamente, pp. 281 289.

3 Al respecto, MARTA CRUZ SECIANE: El primer lenguaje constitucional español (Las Cortes de Cádiz), Madrid, 1968.

4 R. HERR: España..., p. 129

EL ATENEO CIENTIFICO DE MADRID (1885 1912) 9


Los elementos docentes son, para Labra, «la Universidad reformada a partir de 1771» y «mediante los planes oficiales de 1804, 1817, 1821, 1845 y 1857», «las Sociedades Económicas de Amigos del País, fundadas en 1775, y el Ateneo de Madrid, instituido en 1835»'.5

En efecto, esta continuidad de las tradiciones ilustradas ha sido sorprendida por Antonio Ruiz Salvador en el espíritu que informa la creación en 1820, al inicio de la coyuntura política del Trienio Constitucional, del Ateneo Español de Madrid, antecedente directo del actual Ateneo cientifico, Literario y Artístico de Madrid. En los Estatutos y Reglamentos que se conservan de aquel primitivo Ateneo se utilizan términos típicamente dicciochescos para ilustrar otros que propiamente quedarían fuera de la órbita de los planteamientos ilustrados. Fundado por «hombres de espíritu liberal, dispuestos a trabajar por la ciencia y el progreso», con la intención de difundir «la instrucción pública», condición indispensable de la «verdadera libertad» y de la «consolidación y progresos del sistema constitucional» y de «la fiel observancia de las nuevas instituciones», con el objetivo final de «cooperar de este modo a la prosperidad de la nación»6', el Ateneo Español de Madrid responde típicamente al carácter transicional y a la efervescencia política de la etapa heroica del liberalismo español.

Por una parte, sus planteamientos sobre la «frustración pública», la «verdadera libertad», «la ciencia», «el progreso», el «sistema constitucional», «la prosperidad de la nación», expresan el ámbito conceptual específico en que se mueve la mentalidad de los primeros valedores del liberalismo nacional; un ámbito fuertemente influido por las ambiciones dieciochescas del «progreso», la prosperidad de la nación, la ilustración y la felicidad públicas; ampliamente formalista en el terreno de las soluciones políticas; generalmente moderado en el planteamiento del tema de la libertad y la propiedad. Por otra parte, el Ateneo Español, al constituirse expresamente como «sociedad patriótica y literaria» se alinea en el conjunto de clubs, cafés, sociedades políticas que proliferan en aquella primera etapa heroica7 y que cumplen una tarea importante en la discusión y propaganda de los idearios de la «revolución», llegando a convertirse ocasionalmente en cenáculos de conspiración romántica.

En el Preámbulo de los Estatutos se declara que aquellos «hombres de espíritu liberal se propusieron formar una sociedad patriótica y literaria con el fin de comunicarse libremente las ideas, consagrarse al estudio de las cien


5 RAFAEL M. DE LABRA: El Ateneo de Madrid (1835 1905). Notas históricas.... p. 3.

6 A. RUIZ SALVADOR: El Ateneo CIENTIFICO..., pp. 15 16, citando los Estatutos del Ateneo Español de Madrid.

7 Sobre el tema de las Sociedades Patrióticas véase el documentado trabajo de A. GIL NO VALES: Las Sociedades patrióticas (1820 1823), 2 vals., Madrid, 1975.


10 FRANCISCO VILLACORTA BAÑOS


cias exactas, morales y políticas y contribuir en cuanto estuviese a sus alcances, a propagar las luces entre sus conciudadanos» `. En el artículo 2.0 se atribuye al Ateneo la tarea de «discutir tranquila y amistosamente cuestiones de legislación y de política, de economía y, en general, de toda materia que se reconociese de pública utilidad, a fin de rectificar sus ideas los individuos que la componen, ejercitándose al mismo tiempo en el difícil arte de la oratoria» "; todo lo cual, sin embargo, le aparta, según Ruiz Salvador, «de la atmósfera cerril» y «de la vehemencia que imperaba en las reuniones de las Sociedades patrióticas que se celebraban en los cafés» ". El Ateneo nace, según este autor, con una clara tendencia elitista, para adelantar los conocimientos de sus socios «sobre aquellas ciencias útiles que son esenciales a toda nación libre, en un ambiente de tolerancia. El ateneísta modifica sus ideas, 0 las afianza, dialécticamente, es decir, por la razón. Esta capacidad de autogobernarse por la dialéctica, que según Platón constituye uno de los rasgos diferenciales entre la élite y los demás, separa al Ateneo de las Sociedades patrióticas» ". Por otra parte, la oratoria que el Ateneo se propone expresamente ejercitar es, en la época que nos ocupa, un «arma imprescindible en las campañas parlamentarias. Todos estos rasgos  sigue diciendo Ruiz Salvador perfilan al Ateneo como una escuela de diputados donde se forma una minoría liberal llamada a servir de pilar al sistema constitucional» '. A esta misma dirección apunta otro de los apartados del artículo 10 de los Estatutos, que atribuye al Ateneo la misión de proponer al Rey y a las Cortes reformas legales, previamente discutidas en su seno. Por último, en el apartado final del artículo se propone al Ateneo la necesidad de «propagar por todos los medios los conocimientos útiles» ", tarea para la que tomaba, sin duda, como ejemplo la labor de las Sociedades Económicas, que pusieron siempre en este tipo de saber sus principales preocupaciones y la mayor parte de su actividad.

Por si no quedasen perfectamente perfiladas las credenciales liberales del Ateneo, en el artículo 3.0 de los Estatutos se declara expresamente su independencia del gobierno y en el 4.', introduciéndose ya en los mecanismos de su funcionamiento interno, ofrece un modelo de actuación que, con ligeras variantes, se repetirá como un ritual de identificación en muchas de las instituciones y sociedades representativas de la época: la celebración de juntas para debatir cuestiones de interés coyuntural, social o político, con un resu-


8R. M.« DE LABRA: El Ateneo de Madrid. Sus orígenes.... p. 27.

9Ibídent, p. 26.

10 A. RUIZ SALVADOR, Ob. cit., p. 22.

11 Ibídem, pp. 22 23.

12 Ibidem, p. 23.

13 R. M., DE LABRA: El Ateneo de Madrid. Sus orígenes..., p. 26.

EL ATENEO CIENTIFICO DE MADRID (1885 1912) 11


men obligatorio del presidente o del socio delegado para ello. Sucedáneo, sin duda, de los métodos de participación parlamentaria, aunque con la mirada dirigida a todos los campos de la vida social, estos pequeños resúmenes sobre los temas más variados, de los que el Ateneo posterior y otras instituciones semejantes son pródigas, reflejan bastante fielmente la mentalidad de los grupos intelectuales y políticos que alientan el estado de la opinión pública en la España contemporánea.

En el corto espacio de su vida  y según la única acta conservada, la del 1.' de octubre de 1821  el Ateneo Español de Madrid acompaña en sus vicisitudes al sistema liberal a cuyo patronazgo aparece. Y esto en un doble sentido. Por una parte, entre sus ocupaciones destacaron las que por la misma época preocupaban a los políticos y gobernantes del trienio constitucional, como fueron, por no citar otras que las más importantes, «el tema de los gremios, el de los señoríos, el de las facultades de un gobierno constitucional, el de los empréstitos, el de la reforma colonial y el de la suerte de las Américas españolas» ". Y es que en numerosas ocasiones aquellos políticos y gobernantes ocupaban alternativamente los escaños parlamentarios 0 los sillones ministeriales y las aulas del Ateneo. Antonio Alcalá Galiano, Manuel Flores Calderón, Joaquín Blake, Juan Palarea, Sánchez Salvador son algunos de los nombres que utilizan este doble frente de acción institucional ". Por otra ,parte, la experiencia cultural del Ateneo Español concluye con la reacción absolutista de 1823. Su interesante labor político cultural muere con la Constitución y el Parlamento a los que sirve. Es una' defección biológica más que una estricta acción de castigo, porque la mayoría de sus socios pasan a engrosar la lista de exilados a Europa.


2. EL ATENEO CIENTÍFICO LITERARIO Y ARTISTICO DE MADRID (1835 1843)


El carácter de institución liberal que hemos visto actuar al Ateneo Español de Madrid de 1820 se confirma y refuerza en el Ateneo cientifico, Literario y Artístico de 1835. Entre ambas fechas la reacción absolutista había impuesto una férrea disciplina oscurantista a la actividad intelectual, desplazándola desde los centros e instituciones culturales   de clara vocación parlamentaria hasta los cenáculos de los cafés, mucho más proclives a la conspiración romántica, Son los años heroicos del Parnasillo, tal como lo describe


14 R. Mª DE LABRA: El Ateneo de Madrid. Notas..., p. 7.

15 Véanse algunos datos biográficos de estos y otros ateneístas en R. Ruiz SALVADOR, ob. cit., pp. 24 25, nota 26.

12 FRANCISCO VILLACORTA BAÑOS


Mesonero Romanos ` y de las asociaciones románticas de nombres pintorescos: la «Partida del Trueno», «los Caballeros de la Cuchara»,  etc.

Pero en 1835 la vida política llevaba un rumbo muy diferente al de 1820, aunque, desde el punto de vista de las realizaciones políticas, como dice Artola, «los siete meses del gobierno progresista de Mendizábal (iniciado en el otoño de 1835) significaron la reanudación del proceso revolucionario suspendido en 1823» `. En efecto, en este caso, el progresismo era una opción política de partido frente a otras igualmente legítimas en el espectro político del sistema liberal impuesto y aceptado. La alternativa entre éste y el absolutismo   opción crucial del Trienio Constitucional  se libraba por estos mismos años en los campos de batalla de la 1 la guerra carlista y, de esta forma, el sistema liberal y la Corona apostaban a una carta conjunta e inseparable contra el pretendiente D. Carlos. El triunfo militar habría de fortalecerlos conjuntamente.

El sistema político del Estatuto Real ha sido analizado concienzudamente por Tomás Villarroya ". Caracterizado por elementos institucionales y políticos fuertemente moderados (soberanía conjunta, doble Cámara, sufragio censitario muy restringido y exclusivamente para elegir procuradores, censura y limitación en las publicaciones de prensa e imprenta, atribución exclusiva de la capacidad legislativa al Rey, escasa capacidad fiscalizadora de las Cortes, etc.) no podía satisfacer a los elementos más avanzados del pensamiento político liberal, quienes se apuntaron desde el primer momento a diversas maniobras para dotar al régimen de un contenido renovador a partir de su propia legalidad y, cuando aquéllas fracasaron, desde el pronunciamiento y la conspiración. La movilización popular y ciudadana del verano de 1835 va a conseguir lo que no pudo el oficial Cayetano Cardero unos meses antes con el pronunciamiento militar y la Reina Gobernadora ha de encargar la formación de gobierno al progresista Mendizábal. Con él penetra en la práctica constitucional del Estatuto los principios del gobierno parlamentario.

Es en esta doble coyuntura política y cultural cuando se constituye el Ateneo cientifico, Literario y Artístico de Madrid. Hablamos de doble coyuntura, aunque bien podríamos cobijar a ambas bajo la común denominación de época del Romanticismo o de la Revolución liberal. Ambos conceptos se han identificado con mucha frecuencia, incluso para sus mismos protagonistas ». Y aunque en numerosos casos la identificación es correcta, sin em-


16 R. MESONERO ROMANOS: Memorias de un sesentón, natural y vecino de Madrid, II, Madrid, 1881, pp. 53 61.

17 M. ARTOLA: La burguesía revolucionaria (1808,1869), Madrid, 1973, p. 192.

18 J. TOMAS VILLARROYA: El sistema político del Estatuto Red (1834 36), Madrid, 1968.

19 Recuérdese la citada frase de Víctor Hugo en el prólogo de Cronwell: «le ro-.

EL ATENEO CIENTIFICO DE MADRID (1885 1912) 13


bargo, ni el Romanticismo ni el Liberalismo son fenómenos tan uniformes y continuos que puedan adecuarse a un tratamiento alternativo e intercambiable. Románticos son con la misma propiedad Víctor Hugo, Byron o Shelley, tres genuinos representantes del romanticismo revolucionario, como Chateaubriand, De Bonald o De Maistre, del romanticismo conservador. Y en España el sentimiento romántico acoge tanto las obras de Larra y Espronceda como las de Martínez de la Rosa y del Duque de Rivas. Puede materializarse esta diferencia en tiempos generacionales; como dice Ruiz Salvador, refiriéndose al romanticismo español, la generación liberal del 12, del trienio constitucional y la que se aglutina y radicaliza en torno a la experiencia moderada de 1834, la que lee a Walter Scott y al Víctor Hugo de la primera época y la que se reúne en torno al periódico El Artista y admira a Byron. Puede hablarse también de romanticismo francés, inglés, español o italiano y trazar sus líneas de derivación política, en muchos casos no coincidentes. En cualquier caso, el Romanticismo es un fenómeno complejo al que se llega por distintos caminos, que se manifiesta de múltiples maneras y que se ramifica en diversas opiniones políticas y culturales. Y es que, según A. Hauser, el Romanticismo es menos un movimiento estrictamente cultural que una forma de tensión y conflicto con la realidad histórica que le tocó vivir.


«Lo característico del movimiento romántico no era que representara una concepción del mundo revolucionaria o antirrevolucionaria, progresista o reaccionaria, sino el que alcanzara una u otra posición por un camino caprichoso, irracional y nada dialéctico. Su entusiasmo revolucionario era tan ajeno a la realidad como su conservadurismo, y su exaltación por la Revolución, Fichte y el Wilhelm Meister, de Goéthe, tan ingenua y tan lejana a la apreciaci6n de las fuerzas verdaderas que mueven los acontecimientos de la historia como su frenética devoción por la Iglesia y el trono, la caballería y el feudalismo» »

.

Teniendo presentes estas aclaraciones es fácil comprender la fragilidad de las fronteras que pretenden encerrar al Romanticismo en el campo cultural, reservando al político la exclusiva administración de temas como el liberalismo, el absolutismo o la revolución, porque en el espacio temporal en que aquél estuvo vigente fue, junto a un movimiento cultural de reacción frente al clasicismo dieciochesco, una fuerza política a veces contradictoria, pero, en todo caso, histórica.


manticisme n'est que le liberalisme en litterature». Véase también Ruiz SALVADOR, Ob. cit., p. 36.

20 A. HAUSER: Historia social de la Literatura y del Arte, II, Madrid, 1969, pp. 347 48.


14 FRANCISCO VILLACORTA BAÑOS


El Ateneo cientifico, Literario y Artístico de Madrid recoge este dobla significado de la época y lo incorpora a su propio quehacer organizado', lo institucionaliza, podríamos decir. Y con tanta fuerza que permanecerá a lo largo de la vida ateneísta como una de sus principales características, con independencia de aquel primitivo movimiento romántico que le dio el. impulso y la configuración inicial. En octubre de 1835 don Juan Miguel de los Ríos, socio de la Sociedad Económica Matritense, propuso en una de las reuniones de la Sociedad la fundación de un Ateneo que continuase la obra del de 1820. La comisión encargada del estudio de la propuesta recomendó a la Matritense la celebración de una junta extraordinaria para la deliberación del caso, porque «convenía que la Sociedad Económica, aprovechando su posición ventajosa, pero renunciando expresamente a todo linaje de futura tutela, se limitase a convocar, además de sus miembros, para lugar y día determinado, no solamente a los individuos del antiguo Ateneo de cuya existencia se tuviera noticia, sino a aquellas personas que se conceptuaran dispuestas a tomar parte en el nuevo» `. La Junta se celebró el 31 de octubre y se «acogió con entusiasmo la idea», discutiéndose también la conveniencia. de restablecer aquel círculo, «cuya disolución no fue acompañada de violencias ni seguida de las persecuciones acostumbradas» " o de crear uno nuevo. «En cierto modo  dice Ruiz Salvador  la reapertura del Ateneo formaba parte del programa político de los hombres del 20 que, mirando hacia atrás en 1835, pretendían volver al pasado liberal del trienio restableciendo instituciones y remozando programas» ". Sin embargo, en esta junta se estableció también «claramente que no se trataba tan sólo de restaurar el viejo Ateneo, sí que de crear otro semejante con las variaciones y mejoras que las circunstancias, después de tan largo transcurso, exigiesen y permitiesen» `. Esta tarea fue encomendada a una comisión, que se encargó de recabar ante la Reina Gobernadora la Real Orden de constitución, conseguida por fin el 16 de noviembre de 1835, en la que se autorizaba «la fundación de un Ateneo Literario que, ofreciendo un punto de reunión a todos los hombres instruidos, contribuyese a facilitarles la mutua comunicación de sus ideas y a ponerles por medio de los periódicos y obras extranjeras, al nivel de los progresos que las ciencias hacían diariamente en otros países, para que pudieran transmi


21 Diversos autores han puesto en relación el Ateneo de esta primera época con el movimiento romántico. Véanse J. ARTILES: «De la época romántica: Larra y el Ateneo», Revista de la Biblioteca, Archivo y Museo, 8 1931, pp. 137 51. M. AZ": «Tres Generaciones del Ateneo», en 00. CC., t. 1, México, 1966, pp. 620 637. Además de la obra general citada A. Ruiz SALVADOR pp. 3342.

22 R. M., DE LABRA: El Ateneo de Madrid. Sus orígenes..., pp. 65 66. 23 Ibídem, p. 65.

24 A. Ruiz SALVADOR, ob. cit., p. 44.

25 R. M., DF LABRA: El Ateneo de Madrid. Sus orígenes..., p. 66.

EL ATENEO CIENTIFICO DE MADRID (1885 1912) 15


tirlos a los demás en las cátedras desempeñadas gratuitamente por algunos de sus socios» ". Con esta Real Orden quedaba, pues, constituido el Ateneo cientifico, Literario y Artístico de Madrid. La Junta de instalación se celebró el 26 de noviembre del mismo año «en la vieja casa de Ábranles», cedida por el impresor don Tomás Jordán. Y de ella salió elegida la primera junta Directiva, presidida por el Duque de Rivas. Este mismo pronunció el 6 de diciembre de 1835 el discurso inaugural de las actividades del Ateneo, con el que se abría su trayectoria cultural y política. Este discurso era, por así decirlo, el texto programático de una institución cultural tal y como la concebían los hombres de cultura en los albores del liberalismo español.


«Estas saludables reuniones  habla el Duque de Rivas en el marco de su palacio de la Concepción Jerónima y ante ochenta y ocho socios del nuevo Ateneo , tan interesantes para la humanidad, son propias de los países donde el gobierno representativo, con sus libres discusiones, con todas sus consecuencias y siguiendo siempre la senda de la opinión pública, encuentra su más firme apoyo en la educación moral de los gobernados, en la rápida difusión de las luces y de todos los conocimientos humanos, y en las libres asociaciones de los ciudadanos esclarecidos que se ocupan ansiosos de promover a la sombra de benéficas leyes la ilustración general» ".

El marco ateneísta es, en definitiva, el sistema liberal, cuyo soporte más seguro se afianza en la educación e instrucción de los gobernados y en la acción político cultural de los «ciudadanos esclarecidos». El Duque de Rivas, político, Ministro de Fomento, promotor de un Plan de Instrucción Pública, escritor romántico, se sitúa, sin duda, en esta tierra de nadie que ya ha dejado de ser Ilustración del xviii y todavía no es liberalismo burgués del xix. Este es ciertamente elitista, pero en la Europa liberal de la época los objetivos políticos y sociales de los grupos dirigentes están más de acuerdo con el enriquecéos! de Luis Felipe que con la conmovedora esperanza de Condorcet en el perfeccionamiento moral indefinido del espíritu humano. Y sin embargo, el Duque de Rivas parece adscribirse, con parte de su programa, a esta esperanza.


«A la ignorancia, pues, o a un saber ficticio y sin resultados positivos, están sujetos los países donde rigen instituciones que encadenan el pensamiento y que estancan la civilización. Mas por fortuna la perfectivilidad a que rápidamente camina el género humano, los progresos de la filosofía, que a pesar de todos los obstáculos, cunden con más o menos rapidez por el mundo; los


26 Ibídem, p. 66.

27 Ibídem, p. 69, citando las Actas del Ateneo.

16 FRANCISCO VILLACORTA BAÑOS


esfuerzos que aun sin prever consecuencias hacen los hombres privilegiados que de tiempo en tiempo descuellan entre los pueblos oprimidos, y sobre todo la fuerza irresistible del arte divino inventado por Gutemberg, van arrollando por todas partes el fanatismo y la tiranía y al desmoronarse sus cimientos aparece bajo ellos el siglo de la libertad» '.

Decíamos que el Duque de Rivas parecía adscribirse con parte de su proclama a un optimismo de tinte dieciochesco. Y hacíamos esta salvedad porque, mientras los conceptos ilustrados, suficientemente manifiestos, le ponen en estrecha relación con Condorcet y los Philosopbes, otros, como el «saber de resultados positivos», «el arte divino de Gutemberg» o «el siglo de la libertad» le relacionan con tres conceptos indudablemente ligados al desarrollo del liberalismo democrático: la libertad, la imprenta y la ampliación de la base educativa y del conocimiento aplicado.

El modelo de institución cultural que el Duque de Rivas contempla para proponer al Ateneo es el inglés.


«Para pensar  dice  es indispensable ser libres. La Academia y Cuerpos cientificos literarios, tan pomposamente instituidos y dotados por Luis XIV, aunque han derramado mucha luces y adelantado mucho la cultura europea, no han sido, a mi juicio, tan útiles a la difusión del saber y a la saludable propagación de los conocimientos que civilizan y mejoran la especie hu­mana, como cualquiera de los clubs cientificos y literarios que espontáneamente han nacido en Inglaterra a la sombra benéfica de la libertad. El producto de aquellos fueron flores cultivadas con esmero en las estufas de un regio jardín, donde halagaban el olfato y la vista de los cortesanos; el producto de éstas han sido flores lozanas y jugosas, criadas al aire abierto de los bosques de la naturaleza, más que para recreo, para utilidad del hombre» ».

En términos generales, contraponer la organización de la vida intelectual inglesa a la francesa y afirmar aquélla frente a ésta significa tomar partido por un modelo basado en la libre iniciativa ciudadana en el terreno cultural frente a otro promovido y financiado por el Estado. Sin duda, a este respecto, el Duque de Rivas se deja arrastrar por la admiración y el afecto del exilado hacia el país que, años atrás, lo había acogido con los brazos abiertos. Porque el dato cierto para la época en que habla es la supremacía científica francesa, promovida precisamente por las potencialidades de dotación y recursos que


28 IbUem, p. 71.

29 Ibídem, p. 70.

EL ATENEO CIENTIFICO DE MADRID (1885 1912) 17


permite la financiación estatal. De hecho, es el modelo que prevalecerá en la organización del trabajo cientifico en las sociedades modernas.

La admiración del Duque de Rivas parece dirigirse, más bien, hacia un tipo de instituciones de debate político  clubs, sociedades literarias y artísticas, ateneos  que habían tenido un papel importante en la propagación de los principios liberales entre las clases dirigentes inglesas; y de forma más general, su admiración parece abarcar, marcando con esto una pauta que luego seguirán la mayor parte de los liberales españoles, al sistema político liberal inglés, es decir, aquel sistema liberal que, sin abdicar de los ideales surgidos de la Revolución Francesa, había logrado consolidarse en gran medida como «resultado de un alto nivel de inteligencia práctica aplicada a los problemas específicos», y en el convencimiento de que «los ideales tenían que hacerse efectivos en una multitud de casos concretos. Naturalmente, su filosofía tendió a convertirse en utilitaria en vez de revolucionaria» '.

Pero esto era sobre todo resultado de otras coordenadas de orden social y económico más sólidas que las de estricta teoría política. Durante la primera época ateneísta (1835­1843) las preocupaciones más constantes, tanto de las cátedras como de las secciones, fueron aquellos temas cuyo conocimiento podía aportar alguna utilidad a la consolidación del sistema liberal. El Ateneo de estos años   decía Cánovas del Castillo en 1884, al proyectar su mirada retrospectiva sobre la institución con motivo de la inauguración de su nuevo edificio social  satisfacía «muy copiosamente el desordenado apetito nacional de teorías políticas», ya que   continuaba con amonestación crítica­«siempre fueron dados los españoles a buscar el mejoramiento de las instituciones liberales en el estudio y discusión de las teorías, más bien que a la corrección de sus propias costumbres y al establecimiento de buenas y justas prácticas»

En efecto, entre 1835 y 1843 se dieron con mayor o menor regularidad anual las cátedras de Administración, Hacienda y Crédito público, Economía política, Política Constitucional, Legislación, Derecho Político, Derecho Penal, Moral y Educación Pública, Economía Social, Historia del Derecho y la Legislación en España, Elocuencia Forense y Parlamentaria, Filosofía Ecléctica.

En la sección de Ciencias Morales y Políticas, por su parte, se debatieron
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   35

Похожие:

Francisco villacorta bañOS iconNew york, L. A. And san francisco in october of ‘62

Francisco villacorta bañOS iconUniversity of California, San Francisco

Francisco villacorta bañOS iconUniversity of California, San Francisco

Francisco villacorta bañOS iconCampus: San Francisco Bay Area

Francisco villacorta bañOS iconJ. D. Gibson et al. "Digital Compression for Multimedia: Principles and Standards," San Francisco, ca: Morgan Kaufmann, 1998."

Francisco villacorta bañOS iconJ. D. Gibson et al. "Digital Compression for Multimedia: Principles and Standards," San Francisco, ca: Morgan Kaufmann, 1998."

Francisco villacorta bañOS iconThreadlines of Geotechnical and Engineering Geology firms in the Greater San Francisco Bay-Northern California Area

Francisco villacorta bañOS iconGracia, Oscar L. \ Perez, Jose, E. La familia de Socarras. \ Gonzalez Costi, Luis. En el pecadola penitencia. \ Rosales, Francisco. El alojado

Francisco villacorta bañOS iconSticking to the Union: Anthropologists and “Union Maids” in San Francisco

Francisco villacorta bañOS iconHis interests were literary. In addition to being very well read, he wrote short stories and novels. At the time I met him he was working for an ma in American Literature at San Francisco State University, which he obtained in 1987


Разместите кнопку на своём сайте:
lib.convdocs.org


База данных защищена авторским правом ©lib.convdocs.org 2012
обратиться к администрации
lib.convdocs.org
Главная страница