Francisco villacorta bañOS




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  dice Ruiz Salvador  elaboraron en las discusiones ateneístas un memorandum político, fiel reflejo de una oposición al canovismo más inclinada a la convivencia que a la barricada» ", en el que sólo la cuestión religiosa  la secularización o confesionalidad del Estado  les dividió de forma irreconciliable.

Unos años después, en 1881, estos grupos mayoritarios de oposición al canovismo son llamados a formar gobierno, comenzando el turno pacífico de los partidos en el poder, y los conservadores, guiados por su máximo dirigente Cánovas, que es elegido Presidente el año 1882, vuelven al Ateneo. A partir de entonces el turnismo político se refleja en la Presidencia de la Casa, aunque en sentido inverso al de la esfera política. Cánovas, Moret, Martos y Núñez de Arce pasan de la Presidencia del Consejo de Ministros o de las carteras ministeriales a la Presidencia del Ateneo, y viceversa "'. Y lo mismo su


80 Ibídem, PP. 135 36. Véanse en estas mismas es los puntos concretos de ese memorandum.

81 Véase en A.'Ruiz SALVADOR, Ob. Cit., P. 154, esta danza de presidentes y carteras ministeriales.

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cede con algunos componentes de las mesas de las secciones. El Ateneo sigue configurándose, en definitiva, como casa de oposición.

Otro de los temas que penetran estos años en el Ateneo es la llamada «cuestión social». Ya en el curso 1871 72 la sección de Ciencias Morales y Políticas había discutido sobre Si las relaciones del capital y el trabajo industrial son racionales y justas en la actualidad, y si no lo son, ¿qué medios podrían adoptarse para mejorarlas? En el curso 1877 78 se debaten las Cuestiones que entrañan el problema social y medida en que toca su solución al individuo, a la sociedad y al Estado. Curiosamente interviene en estos últimos debates un obrero de nombre Enrique Borrel, «que formuló un plan completo de revolución social y atacó la renta, el capital y la propiedad de la tierra» 82. Esta presencia obrera en el Ateneo es, sin embargo, excepcional, como lo prueba el escándalo de la «prensa reaccionaria» " ante la petición «dirigida por varios obreros a la Junta de Gobierno ateneísta para que les fuera permitido asistir a los debates, y que no pudo ser aprobada por estar reservadas las discusiones de sección a los socios exclusivamente» ".

Al margen de los temas tratados y debatidos, dos innovaciones presenta el cuadro de actividades del Ateneo de estos años. La primera son las veladas poéticas que comienzan a organizarse a partir de 1876. En el curso 1876 77 se discutió en la sección de Literatura sobre el Estado actual de la poesía lírica en España y como consecuencia de ello se invitó a algunos poetas contemporáneos a leer sus versos en el Ateneo. Zorrilla, Campoamor, Núñez de Arce, Selgas, Fernández y González, Ruiz Aguilera, Palacio y otros muchos lo hicieron aquel año. El éxito de la innovación fue tan grande que se repitió en los años siguientes y llegará a ser un elemento característico de posteriores etapas ateneístas. Ya en el curso 1879 80 escribe Antonio Sánchez Moguel que, por contraposición a la languidez de las cátedras y secciones, «en. el movimiento literario y artístico se viene alcanzando singular progreso de algunos años acá. Puede decirse que todo lo que en un sentido decae el Ateneo, en otros se levanta. Y que esto se debe a las lecturas literarias, asegúralo la opinión unánime de ateneístas y de personas extrañas al Ateneo» `. Innovación en apariencia desdeñable, pero que, unida a otra que se produce paralelamente, parece indicar una nueva orientación, o tal vez mejor, un pro


82 Ibídem, P. 143.

83 Ibídem, p. 143, citando a M. DE LA REVILLA: «Revista crítica», Revista Contemporánea, 12 (diciembre de 1877), p. 379. Dice así: «la prensa reaccionaría ha declamado y disparatado con tal motivo (la petición obrera), y no ha faltado quien llame la atención del Gobierno acerca de lo que pasa en el Ateneo».

84 " Ibídem, pp. 142 143.

85 A. SÁNCHEZ MOGUEL: «FA Ateneo de Madrid en el año académico .de 1879 80», Revista Contemporánea, 28 (junio de 1880), p. 86

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ceso de reasentamiento en el nuevo tablero institucional de la cultura y de la opinión pública en el último cuarto de siglo. Esta segunda innovación, a la que nos referíamos, la expresa Labra así: en el año 1878 el Presidente del Ateneo (José Moreno Nieto) invitó a un «grupo de oradores para que ocupasen la cátedra dando algunas de esas conferencias que con tanto éxito inauguró la Institución Libre de Enseñanza en 1877, y que tan en boga han puesto el Círculo de la Unión Mercantil, el Fomento de las Artes, el Ateneo Mercantil, la Dirección de Agricultura, el Conservatorio de Artes y la Sociedad Económica Matritense» '. Se comenzaron, por tanto, a dar este tipo de conferencias y, «aunque con poco éxito», según Ruiz Salvador", verdaderamente serán la auténtica sabia ateneísta a partir de entonces en sustitución de las ya caducas cátedras. En ocasiones tres o cuatro conferencias sucesivas sobre el mismo tema tienden a cubrir la apariencia de que la enseñanza ateneísta continúa vigente. En el curso 1880 81 se conmemora en el Ateneo el segundo centenario de la muerte de Calderón de la Barca, que da lugar a una nueva experiencia cultural. Recogidos los actos celebrados con ocasión de la efemérides en un folleto titulado El Ateneo de Madrid en el Centenario de Calderón. Disertaciones, poesías y discursos de los señores Sánchez Moguel, Revilla, Ruiz Aguilera, Fernández y González, Palacio, Campillo, Moreno Nieto, Moret y Echegaray, Madrid, 1881, «parecen ser el primer gran ensayo ateneísta de tratamiento colectivo de un tema» ". Unos y otros, conferencias sueltas y cursos monográficos, junto con las veladas poéticas, se unirán o sustituirán en los años sucesivos a las tradicionales actividades ateneístas y aportarán a la vida cultural del Ateneo una nueva personalidad y, lo que es más importante, un nuevo público, expresión de las demandas culturales de la sociedad de finales de siglo; un público para el que hipotéticamente podríamos diseñar los caracteres siguientes: una mayor Pluralidad de demandas culturales, y en consecuencia, una relativa disolución de la tradicional palestra política del Ateneo en medio de un espectro múltiple de temas, ocupaciones y curiosidades; la búsqueda en algunos casos de conocimientos especializados sobre temas de investigación histórica, social o humanística y, en contraposición a esto, la potenciación de un contacto social entre intelectual y público en el marco de unos intercambios culturales de menor consistencia y severidad que los tradicionales, por ejemplo, el realizado en muchas de las veladas poéticas.

Este recuento ateneísta se cierra en 1885 con la muerte de Alfonso XII. Es, sin duda, una fecha de simple apoyatura histórica, porque el sistema de


86 R. M.' DE LABRA: El Ateneo de Madrid. Sus orígenes..., p. 175

87 A. Ruiz SALVADOR, Ob. cit., p. 149.

88 Ibídem, p. 151.



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la Restauración continúa vigente en todas sus particularidades. Pero es tam­bién una fecha inmediata a otro acontecimiento, éste de rango exclusivamen­te ateneísta, que nos permite encontrar una razón suplementaria para trazar en esta fecha un punto y aparte. Se trata de la inauguración en 1884 de la nueva sede, local propio que culmina un objetivo perseguido casi desde los orígenes de la institución. Sobre estos dos hechos, pues, marcamos el gozne de esta nueva fase de la historia ateneísta.

II. VIEJO Y NUEVO ATENEO


1. CUESTIONES PREVIAS


Se podría decir, a modo de definición provisional, que hacia 1884 el Ateneo de Madrid es, en su más auténtica personalidad, un centro de cultura especialmente preferido por un numeroso grupo de intelectuales y político madrileños de la más variada tipología y formación científica como centro de c . 04vivencla cultural e intercambio de opiniones e inquietudes acerca de los problemas de la vida política, económica y social de la España contemporánea, para transmitir sus conocimientos y los resultados de sus investigaciones en todos los campos de las ciencias y de la cultura y para comunicar a un público más o menos amplio las primicias de sus creaciones artísticas y literarias. . Esta definición abarca indudablemente, de forma un tanto imprecisa, todas las actividades que se realizan en el Ateneo, pero, además, el orden de sus premisas indica el grado de prelación que se concede a los diferentes aspectos de su quehacer. En efecto, el Ateneo es, sobre todo, una institución que convierte en reflexión política y social una parte considerable de su producción, aunque estrictamente no sea éste el punto a donde conduzca la naturaleza,, teórica de los temas objeto de atención. Y no se trata de un juicio apriorístico, sino el compendio de una opinión generalizada de la época acerca de él. Orlando ateneísta y difusor de las actividades del Ateneo a través de la


,a, Revista de España, reseña en 1885 lo realizado en el último curso con las siguientes palabras que transcribimos ampliamente por lo oportunas que resultan para enmarcar el Ateneo en las fechas iniciales de nuestro trabajo.


«Entre las asociaciones consagradas exclusivamente a las tareas del pensamiento   dice , está reconocida, sin género alguno de duda, como la primera el Ateneo de Madrid. Cuando des


1Seudónimo de Antonio Lara y Pedraja.

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pues de haber recorrido el Salón de Conferencias del Congreso, los círculos políticos, la tertulia, el café, todos esos sitios donde impera la pasión, se precipitan los juicios, la intención se oculta cuidadosamente, se pierde el tiempo en cosas superficiales y los hombres se consideran adversarios y enemigos, penetramos en aquella casa, el ánimo se ensancha y el pesimismo que nos domina deja paso a reflexiones más consoladoras al ver allí desenvolverse la vida en grado superior al que alcanza en otras partes.»

«Y esto no es debido al carácter esencialmente científico de esta sociedad o a tener las mismas ideas los hombres que en ella se reúnen, puesto que en su seno se habla y discute también sobre política, religión, asuntos públicos y privados, y los socios militan en bandos más opuestos, sino porque al pisar aquel recinto, los que poco antes se hacían desde los escaños de la Representación nacional la más sistemática oposición, o sostenían desde las columnas del periódico la polémica más envenenada, sufren como una transformación al sentirse bajo la influencia bienhechora de aquel ambiente de sinceridad, de tolerancia y mutuo respeto que reina en todos sus ámbitos» (pp. 135 36).

«No hay en el Ateneo  sigue diciendo Orlando  cargos codiciados que disputarse», «ni tiene eco el fanatismo del sectarismo», «ni se reconocen otros méritos que los del talento y del saber».

«Consecuencia natural de inspirarse en tan alto sentido es el disfrutar de una libertad amplísima que le permite hacer objeto de sus  polémicas cuantas teorías y conclusiones, por atrevidas que sean, pueden dar motivo a un debate sin causar la menor sorpresa en los elementos más conservadores y sin que la autoridad se preocupe poco ni mucho en las opiniones que se viertan, como que unos y otros tienen conciencia de que los móviles que guían a todos no son el de atacar y zaherir ninguna institución ni concitar las pasiones para conseguir fines inmediatos, sino desentrañar, en la medida de lo posible, aquellos problemas que más solicitan la atención de la época aunque, a la larga, la solución qué se les dé influya poderosamente en la vida de otros organismos fundamentales» (pp. 137 38).


Sin embargo, por aquellos años Orlando observa cierta decadencia en la actividad del Ateneo:


«Si la Sociedad ha ganado en número de socios Y. por tanto, en recursos materiales, como organismo CIENTIFICO aparece débil y casi dominado por el cansancio». Ni las conferencias, ni las discusiones ni los cursos «responden en la actualidad a sus tradiciones» (p. 138).


He aquí, según Orlando, las causas de este aparente alto en el camino:

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«Convencidos ya de que todo en el Universo está regido por leyes, y que todas las cosas, lo mismo en la naturaleza que en la sociedad, mantienen entre sí estrechas relaciones, afirmamos como una verdad incontrovertible y corriente que tal edad histórica, sociedad, institución o gobierno se halla informado por tal principio, creencia, tendencia, superstición, significando con esto que hay fuerzas morales, ideas, direcciones del espíritu, o llámense como se quiera, que influyen en aquellas principalmente y determinan el modo de ser de todas sus manifestaciones. Partiendo de aquí podemos decir que la época actual se halla informada por lo que todos conocen con el nombre de positivismo y que nosotros empezamos a ser dominados por esta tendencia» (p. 139).

«La política de todos los partidos se inspira en él al abandonar los ideales inflexibles fundados en los conceptos puros de la filosofía, para acomodarse a los hechos, como lo prueban los nombres de oportunistas y posibilístas con que se conocen algunos de aquellos que antes fueron esencialmente utópicos.»

«Tan general influencia no podía menos de alcanzar a asociaciones científicas... y así se ha notado que las conferencias que han obtenido más éxito han sido las referentes a las vicisitudes por que han pasado los tratados de comercio intentados por nuestro Gobierno, al establecimiento de algunas factorías mercantiles en las costas del Sahara, y que la sección que ha traído oradores y auditorio bastantes ha sido la de Ciencias Morales y Políticas, en donde se ha tratado... de indagar cuáles sean las condiciones en que vive la clase obrera, para ver si se encuentra el medio eficaz que las mejore» (p. 140 ) 2.

«Las asociaciones que hallan más eco y obtienen más concurso de las inteligencias superiores      continúa Orlando  son las que se fundan con el fin inmediato de mejorar las condiciones materiales de la vida nacional» (p. 140).

Otra causa del debilitamiento de la posición cultural del Ateneo la ve Orlando en el desgajamiento de las secciones al constituirse la de Historia y la de Bellas Artes ', con el objeto de especializar los estudios al modo de las Academias oficiales; «pero esto  ­dice Orlando  no es posible porque el Ateneo gusta más de la controversia, de las luchas... que de las revelaciones eruditas ... » (p. 141).

En consecuencia, «dado el excepticismo que... se va infiltrando en todos los espíritus, no basta que aquellos (los temas discutidos) encierren un pro


. 2 Se.refiere respectivamente a las conferencias siguientes dadas en el curso 1884 85: Historia y estado actual de la reforma aduanera y de los tratados de comercio, Gabriel Rodríguez, España en África, Joaquín Costa, y el cuestionario de la Comisión de Reformas Socia les presentado a discusión en la sección de Ciencias Morales y Políticas durante 1885.

3 Reorganización llevada a cabo en el nuevo Reglamento de 1884.

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blema filosófico, con cuyo planteamiento se trate de llevar luz..., sino que sean aquellos que hieren vivamente la inteligencia y ponen en tela de juicio las poco arraigadas convicciones que nos quedan», como por ejemplo, «el determinismo y el libre albedrío», «el naturalismo en el arte», doctrina novedosa y que «venía en son de guerra», y «la Psicología considerada como ciencia natural», tema que «si bien parecía una cuestión de método, llevaba envuelto el más controvertido y controvertible de los problemas»,' temas, como se puede observar, perfectamente sincronizados con el carácter positivista con que el comentarista había definido el espíritu de la época'. Esta larga reseña de Orlando, aparte de confirmarnos aquella primera función social que destacábamos en la definición preliminar, nos manifiesta los diferentes grados de inmediatez con que aquélla se realiza. Puede ser una reflexión directa e inmediata sobre los asuntos políticos del día,. una reflexión adjetivada en ocasiones con el término de lo científico porque éste es tam­bién el espíritu que informa la época; puede disfrazarse de erudición histórica para iluminar con luz del pasado el origen y la solución de las encrucijadas contemporáneas. Es la actitud que luego veremos reflejada en el discurso de Segismundo Moret sobre las Condiciones que deben tenerse en cuenta en el estudio de la Historia, pronunciado como preámbulo a las conferencias sobre la España del siglo XIX, dadas en los cursos 1885 86 y 1886 87. Pueden in­cluso solaparse bajo la neutralidad de cientifico, dé lo artístico, de lo puramente cultural para referirse a la inmediatez. de, lo contemporáneo sólo a través de un rodeo, por medio del cual el intelectual se ve sumergido en el clima cultural de la época, en la modernidad, y discute sobre arte, sobre cultura, sabiendo que aporta, al mismo tiempo, su apoyo o su rechazo a una obra finalmente político social. En cualquier caso, en el Ateneo se reflejan de forma inmediata los sucesos y las inquietudes más sobresalientes de la vida nacional e internacional. No pasa un día sin que el político, el catedrático o el, periodista se acojan a su hospitalidad para dejar constancia de sus preocupaciones coyunturales, que son, en definitiva, el reflejo de las tensiones sociales y de los problemas más vitales de la España de la época.


4 Memorias discutidas, las dos primeras, en el curso 1880 81. en las secciones de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales y de Literatura, respectivamente, y lá ultima en el curso 1883 84 en la sección de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, presentada pota el Dr. Jaime Vera.

5 Todas las citas del texto corresponden a Orlando «Revista Literaria. El Ultimo curso del Ateneo», Revista de España, t. 105, 1885, pp. 13543.

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2. LA REORGANIZACION DE LA VIDA CULTURAL ATENEISTA


Desde el punto de vista de la organización de su vida cultural y científica el Ateneo de estos años intenta decantar su experiencia cincuentenaria para adaptarse a las nuevas circunstancias de la época. Cuando en 1835 se  funda el moderno Ateneo apenas si existen otros centros culturales que las viejas Universidades, reacias a tomar la iniciativa de los nuevos estudios, y las casi muertas Academias oficiales. Tan sólo en las Sociedades Económicas de Amigos del País puede encontrarse una cierta inquietud intelectual por los conocimientos modernos y útiles. Por los mismos años en que se funda el Ateneo aparecen en Madrid el Liceo (1836) y el Instituto (1838). Se crea la Academia Matritense de jurisprudencia y Legislación (1838) y la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas (1857). Estos últimos centros, junto con el Ateneo, constituyen durante las décadas centrales del siglo la punta de lanza de las nuevas disciplinas científicas y de las ideas en boga en los círculos intelectuales del occidente europeo. Como iniciativas privadas aparecen en estos mismos años el Fomento de las Artes (1847), el Círculo de la Unión Mercantil (1858), la Asociación para la enseñanza de la mujer (1870), la Sociedad Geográfica (1876), el Ateneo Mercantil (1878), el Círculo Filosófico y la Institución Libre de Enseñanza (1875). Las Universidades se reorganizan paralelamente y adquieren cierta permeabilidad para la ciencia moderna, al menos mientras la libre especulación de sus profesores no pone en peligro los valores políticos y religiosos dominantes.

La diferencia entre aquel Ateneo que vivía sus primeras décadas de actividad y el que inaugura edificio propio en 1884 estriba fundamentalmente en que mientras aquél monopolizaba en sus cátedras y secciones los primeros frutos del nuevo pensamiento y lo más selecto de sus difusores y lo hacía  fuese moderado o progresista a la cabeza de un movimiento político que pretendía marcar la orientación a la sociedad entera, éste tiene que conformarse con ocupar un puesto al lado de otro selecto grupo de instituciones, medios de difusión o propaganda y centros cientificos desde los que se difunden, en un clima de reconocida libertad, un variado abanico de diagnósticos y soluciones a los problemas de la vida nacional, se discuten las más encontradas teorías filosóficas y científicas y donde se relacionan los intelectuales entre sí y con su público discípulo o lector. Sus coordenadas externas, en definitiva, han cambiado, y éstas simultáneamente han modificado la tradicional homogeneidad ateneísta. Al afirmar, por tanto, el carácter de transición del Ateneo de esta época queremos poner de relieve exclusivamente la pluralidad de intereses y tendencias  políticas, profesionales, académicas, artísticas, in

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cluso los intentos de colonizar culturalmente lo bohemio, lo informal, lo festivo, lo insólito, si es que a tal conglomerado podemos calificarlo con el burgués término de interés  que confluyen en el Ateneo y que sirven para explicar su historia posterior. En el sucesivo desenvolvimiento del Ateneo triunfarán aquellas corrientes que, recogiendo su entraña tradicional, que nosotros situamos en el debate político cultural, «faceta política  lo define Hoyo Sainz verdaderamente conceptual, de culta visión y erudita cultura, que podría estimarse como estrategia, pero no como táctica» ', se adaptan al mismo tiempo al conjunto de caracteres metodológicos, institucionales y sociales con que se desarrolla la política, la cultura y la ciencia en el primer tercio del siglo XX.

Esta evolución es el hecho más notable del Ateneo entre 1885 y 1912. Ha comenzado, sin embargo, diez años antes, cuando en el curso 1876 77 comienzan a celebrarse las veladas poéticas y cuando, dos cursos después, las conferencias sobre asuntos diversos desplazan a lo poco que restaba de enseñanza en las cátedras. En el mismo año 1878 Labra nos descubre las miserias de un Ateneo que considera en mayor medida instrumento de intereses particulares que fuente originaria de verdadero saber: «En el Ateneo siempre tendrán preferencia los discursos brillantes, los trabajos de pura propaganda, los estudios de aparato, resintiéndose la enseñanza regular y metódica. Casi me atrevo a decir que ésta no existe ni ha existido ni existirá mientras el profesorado no tenga retribución» `. Significaría aquella enseñanza metódica  nos cuenta Labra  enlazar con los primeros tiempos ateneístas sobre bases nuevas, tal como lo proyecta Francisco Giner de los Ríos en 1865, al proponer el establecimiento de cátedras de enseñanza en las disciplinas de Política, Derecho, Filosofía de la Historia, Historia de la Filosofía Española y Estética, con profesorado reclutado por oposición y con matrícula anual. 0, si se quiere, según el proyecto de Fermín Gonzalo, con cátedras públicas con retribución mensual y reserva del 25 por 100 de la matrícula para el fondo de biblioteca. Trece años más tarde, en 1878, todavía espera Labra que alguno de estos proyectos pueda realizarse y que el Ateneo llegue a ser «por sus propios recursos o mediante inteligencias con alguna otra corporación tal como la Institución Libre de Enseñanza, la gran Universidad libre de España» «.

A partir de la década de los 80 el Ateneo buscará otras perspectivas
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