Francisco villacorta bañOS




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. Serán primero los estudios sobre un tema monográfico, siguiendo los ya mencionados del II Centenario de la muerte de Calderón de la Barca en el cur-


6 Luis DE Hoyos SAINZ: «El Ateneo de Madrid hace cincuenta años», Revista de la Biblioteca, Archivo y Museo, XXIII, n.' 67, 1954, p. 10.

7 R. M.* DE LABRA: El Ateneo de Madrid. Sus orígenes.... pp. 196 197.

8 Ibídem, p. 197.

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so 1880 81 '. Precisamente casi en el pórtico temporal de esta reseña ateneísta tuvo lugar una importante iniciativa en este sentido con las conferencias sobre la vida política y cultural española del siglo xix pronunciadas durante los cursos 1885 86 y 1886 87, vasto panorama de la historia del xix español encarnada en los hombres paradigmáticos de cada extremo estudiado ". En el acto inaugural del curso 1885 86 el presidente ateneísta, Segismundo Moret, enmarcaba, con la inflexión política que era habitual en casi todo discurso ateneísta, la intencionalidad rectora del presente que se quería dar a las conferencias y los presupuestos de orden metodológico que avalaban esa pretensi6n ". Tomando como guía a Comte, H. Spencer y otros ilustres representantes de la sociología positiva europea, Moret señalaba que la historia debía ser «relación de hechos importantes, a fin de conocer el pasado y calcular el probable porvenir del libre desenvolvimiento humano» (p. 16). «Mi tesis  añadía  es que no podemos dirigir con provecho la vida individual, y mucho menos la vida social, sin un conocimiento completo de la historia contemporánea» (p. 25). Este conocimiento sólo es posible, en su verdadera naturaleza rectora de la sociedad, si se hace constar que «la historia es, ante todo, una parte de la sociología, y que sólo el estudio de ésta y el descubrimiento de las leyes de la evolución humana puede dar fundamento sólido a las vagas e incompletas generalizaciones, que se han llamado impropiamente filosofía de la historia» (pp. 24 25). Sobre este optimismo cientifico de la primera sociología, Moret levantaba sus propias críticas del pasado de España y sus esperanzas y desesperanzas de político profesional, precisamente muy pocos meses después de que la tendencia política liberal demócrata, por él encabezada, se hubiese integrado, bajo ciertas condiciones de revisión democrática del programa del partido, en el grupo liberal de Sagasta.

Las conferencias ocuparon una parte importante del programa cultural ateneísta en aquellos dos cursos y fueron publicadas posteriormente. bajo el rótulo general de La España del siglo XIX. Pero a partir de ellas este tipo de estudios no volverá a repetirse hasta la excepcional información sobre Oligarquía y Caciquismo en los albores del presente siglo, descuidando un campo en el. que se cosecharon los mejores aciertos de esta etapa ateneísta y cuyas vir-


9 Estas conferencias fueron, por otra parte, el centro de un debate entre filokrausiátas y tradicionalistas acerca del sentido y de las potencialidades rectoras del futuro de la historia de España. Véase M. D. GOMEZ MOLLEDA: Los Reformadores en la España Contemporánea, Madrid, 1966, p.

10 Publicadas en 1886 1887 en tres volúmenes: La España del siglo XIX, Madrid, Imp. El Liberal.

11 SEGISMUNDO Moret: Discurso leído por el Excmo. Sr. D. el día 16 de noviembre de 1885 en el A. C. y L. de Madrid con motivo de la apertura de las cátedras, Madrid, 1885. Las páginas citadas a continuación en el texto corresponden a este discurso.

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tualidades, sin embargo, los sucesivos dirigentes no parecieron entrever en toda su dimensión.

A este tipo de estudios seguirán, entre los proyectos de renovación de la vida cultural ateneísta, la Escuela de Estudios Superiores (1896 1907), la Escuela de Estudios Especiales (1.906 8) y las conferencias de Extensión Universitaria (1904 7), que más adelante reseñaremos de forma particular.

Las tentativas de adaptación del Ateneo entre 1885 y 1912 no significan, sin embargo, un decaimiento de sus actividades ni de su proyección pública en la vida cultural madrileña. Antes, por el contrario, el empaque burgués de su nueva sede potenció los rasgos de esa evolución «mundana» de su actividad cultural de los últimos años. Labra, cronista viviente de aquella etapa ateneísta, lo confirma:


«Como muchos habían esperado, la nueva casa contribuyó grandemente al brillo y la resonancia del Instituto, y sirvió asimismo para el aumento de socios que pronto pasaron de mil. Nadie puede desconocer que el Ateneo es hoy un círculo de superior distinción y de mucho confort y que presta grandes servicios a sus socios en condiciones de economía superiores a todo lo conocido en la materia dentro y fuera de España» 12

.

Los socios aumentan. La biblioteca recibe aportaciones importantes y acumula un fondo notable; comienza a hacerse familiar en ella la presencia de investigadores y opositores. Las conferencias y veladas continúan concurridas. Sin embargo, en las mismas apreciaciones de Labra encontramos las claves para sorprender nuevos rasgos de la evolución sufrida por la institución en su trayectoria histórica. Aunque, según los Estatutos, los socios se proponían difundir «sus conocimientos por medio de la enseñanza y la imprenta», bien puede decirse que su dedicación primordial se había centrado en el resto de las atribuciones que estatutariamente se les conferían: «aumentar sus conocimientos por medio de la discusión y la lectura» ' y que incluso la enseñanza ateneísta, en las épocas en que se desenvolvió regularmente, se había dirigido a un círculo muy reducido de personas, es decir, que el Ateneo había sido fundamentalmente un centro de formación de minorías destinadas a los altos cargos del Gobierno, la administración y la vida académica. Por el contrario, el Ateneo de finales del xix y principios del xx era un aparato más de creación de opinión pública, en parte por la atención que efectivamente le dirigía la prensa y, en general, el mundo intelectual, en parte por la multiplicación


12 R. M DE, LABRA: El Ateneo de Madrid. Notas Históricas, 1835 1905, Madrid, 1906, pp. 69 70.


13 Estatutos del Ateneo de Madrid, Madrid, Imp. del Colegio de Sordomudos y Ciegos, 1850, p. 5.

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del. número de sus socios y de las personas asistentes a sus salones,  en  parte por. la hospitalidad para acoger en sus salones a congresos, reuniones y movimientos diversos de la opinión pública.

, Entre 1885 y 1912 varios hechos compendian la evolución sufrida. En primer lugar, la modificación significativa de sus propios Estatutos a partir de 1900, en los que ya no se supone a los socios ateneístas la intención de aumentar sus. conocimientos, por medio de la discusión y la lectura, y difundirlos por los de la enseñanza y la imprenta, sino la de «difundir las verdades de la ciencia y las bellezas del arte por todos los medios adecuados» ". En relación con esto, y aunque las normas a las que han de ajustarse los trabajos de las secciones se detallan minuciosamente en el Reglamento de 1900, el hecho cierto es la pérdida de importancia de los debates de las secciones frente al resto de las actividades ateneístas, prueba inequívoca de una mayor proyección exterior, hacia la opinión pública, de los ateneístas. La siempre activa sección de Ciencias Morales y Políticas celebra debates ininterrumpidamente entre los cursos 1884 85 y 1898­99, pero a partir de entonces sus actividades ,son menos regulares. Algo semejante sucede con la de Ciencias Históricas, donde no hubo debates en los cursos 1891 92, 1892 93, 1896 97, 1897 98, 1899 1900, 1910 11 y 1911 12; la de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales lleva una vida activa hasta el curso 1895 96 en que prácticamente se paraliza; las de Literatura, Música y Bellas Artes sustituyen los debates, en la mayor parte de los casos, por conferencias y veladas, especialmente las dos últimas, donde las discusiones prácticamente no hicieron acto de presencia en ningún momento.

El segundo rasgo destacado de la evolución del Ateneo son los intentos de sacarlo fuera del ámbito cerrado de sus socios y simpatizantes por medio de la letra impresa, ya sea con la publicación de folletos con resúmenes, conferencias y memorias de sus actividades, como los proyectados con ocasión de la Extensión Universitaria, ya sea a través de un boletín o revista propia. Este último fue, un proyecto que cristalizó durante algún tiempo. Comenzó con la publicación en 1877 de un Boletín del Ateneo, que tuvo escasa entidad y duración. Le siguió la revista El Ateneo, Revista Científica, Literaria y Artística, proyecto de mayor envergadura que, no obstante, no tendría mejor suerte. Apareció el 15 de diciembre de 1888 y en los doce números publicados ' reunió numerosas memorias y conferencias ateneístas y de otras sociedades culturales de Madrid. El 25 de noviembre de 1889 El Imparcial informaba que la Junta de Gobierno del Ateneo había decidido que no figurase en lo sucesivo como órgano de éste la revista El Ateneo, decisión que supuso su sentencia de muerte. El último proyecto cristalizó en 1906. La junta general


14 Reglamento del Ateneo de Madrid, Madrid, Imp. Suc. de Rivadeneyra, 1903, p. 5.

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ordinaria del Ateneo de fecha 10 de diciembre de 1905 dio lectura a un proyecto de publicación de una revista que fuese órgano del Ateneo de Madrid, proyecto que fue discutido y aprobado en esa misma Junta. El primer número salió en enero de 1906 y a partir de entonces y hasta agosto de 1912 arrastrará una vida que podemos suponer precaria desde el punto de vista económico. Su misión como órgano del Ateneo de Madrid se redujo a la publicación de extractos de algunas conferencias y cursos dados en él y a la enumeración de las actividades realizadas. Y esto hasta abril de 1908 en que se cerró la sección habitual titulada La Vida de los Ateneos, dejando al mismo tiempo de ser órgano del Ateneo de Madrid. En realidad, la pervivencia de la revista Ateneo fue fruto de la tenacidad del Secretario del Ateneo y secretario también de la redacción de la revista, Mariano Miguel del Val "'. En la «Revista Literaria» de El Imparcial de fecha 4 de octubre de 1909 se informaba de otra iniciativa de este activo secretario: la Biblioteca Ateneo o pequeña colección editorial donde se publicasen algunos folletos y pequeños libros recogiendo actividades poéticas ateneístas, discursos políticos de algún dirigente de partido y creaciones literarias inéditas. «Alma de esta Biblioteca   decía E. Gómez Baquero en la información  es el señor Mariano Miguel del val.... lo cual permite otorgar algunas esperanzas de vida a esta colección Ateneo, que marcha unida a la revista del mismo título, la cual fue órgano del Ateneo científico y Literario de Madrid, y por lo visto, ha sido recogida por el señor val., ignoro en qué circunstancias, quizás corno se recogen piadosamente los restos de un naufragio» ". Podemos suponer que así fue, en efecto, porque a su muerte el 7 de agosto de 1912 la revista dejó de aparecer.

Por último, el Ateneo de estos años aprovecha su tradicional prestigio para tomar parte y encauzar algunas iniciativas de carácter público o privado. Así en 1892 participa en la celebración oficial conmemorativa del IV Centenario del Descubrimiento de América con un curso amplio sobre el temo; en 1905 es una de las numerosas instituciones que conmemoran el III Centenario del Quijote con otro curso sobre diversos aspectos de la obra y de su autor y con una velada literaria y artística en su honor. En este mismo año tiene lugar también en el Ateneo la velada en honor de José Echegaray, homenaje por su reciente Premio Nóbel, con asistencia del Rey, Cuerpo Diplomático y Comisiones Académicas. A ello se añaden otras iniciativas particulares, como los premios Charro-Hidalgo y Felipe Benicio Navarro, cuya administración se encarga al Ateneo. Precisamente el primero de ellos es ganado en su primera convocatoria en 1895 por Julián Besteiro con una memoria titulada Exposición sumaria de los principios de la Psicofísica. Otros concursos


15 Véase ANGEL SAGARDIA: Ateneo (Madrid, 1906,1912), Madrid, 1960, pp. XLXVIII.

16 E. GOMEZ BAQUERO: «Revista Literaria», El Imparcial, 4 X 1909.

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se abren en 1903 con aportación monetaria del Rey, altos cargos políticos y miembros de la familia real, y de ellos sale premiada la obra de Julio Cejador Gramática y Vocabulario del Quijote. Aparte de esto, el Ateneo suele ceder sus salones a diversos movimientos de opinión pública. Un ejemplo de ello son el I y IV Congresos Africanistas celebrados en los salones ateneístas en 1907 y 1910, respectivamente.

Todos estos rasgos hacen del Ateneo de estos años finales de la primera década del siglo xx: un centro confluencia de los más diversos intereses y de las formas más propagandistas de la política y la cultura. Pero éste es ya otro Ateneo. Durante varios años se han sucedido las iniciativas para traducir en formas modernas su tradicional personalidad, salvando, en lo posible, un contenido cultural y científico propio, específicamente ateneísta: la Escuela de Estudios Superiores y de Estudios Especiales, la Extensión Universitaria, los estudios monográficos, las revistas. Pero todas estas iniciativas íntimas parecen definitivamente fracasadas en 1913. Es la muerte del viejo Ateneo. Manuel Azaña, a la sazón Secretario de la Casa, lo confirma: «El Ateneo viejo... no existe.» «Ya no es el Ateneo un reducto de libertades públicas, incorporadas de modo definitivo a la vida española» `; aquel producto específico del primer tercio del siglo xix, que empeñado «en la idea de una cultura independiente», «ganó y defendió la libertad de su tribuna», «convertido en lazareto del libre pensamiento» " ha consumido su tiempo.

Este Ateneo que Azaña ve caducado en 1913 es también el que hemos hecho arrancar de 1885. Esta circunstancia, la proximidad de aquella fecha con la de 1914, paradigmática de una nueva generación intelectual, y el relevo mismo que supone la presencia de M. Azaña en la Secretaría de la institución ateneísta son razones de peso para plantar en este año de 1912 un punto y aparte.


17 M. AZAÑA: Memoria leída en el Ateneo de Madrid por el Secretario 1.' D. el 11 de noviembre de 1913, Madrid, 1913, p. 6.

18 Ibídem, P. 5.


III. EL ATENEO, CIRCULO DE CONVIVENCIA INTELECTUAL


En 1885 el Ateneo cumple su cincuentenario. Cincuenta años de tradición ininterrumpida, salvo algún episodio aislado, que son fundamentalmente cincuenta años de la historia cultural de España. Sobre este hecho, como es obvio, se ha de asentar el presente estudio. La continuidad   o discontinuidades una categoría sociológica fundamental para el estudio de las instituciones culturales. Y ello porque ejemplariza idéntica cualidad en la historia del pensamiento o, lo que es lo mismo, en los grupos intelectuales que la crean. Por supuesto, el. Ateneo es una atalaya privilegiada para otear adecuadamente una muestra representativa de los intelectuales madrileños durante un siglo de vida española.

De entre las diversas acepciones con que se ha considerado indistintamente al Ateneo  Academia de cultura superior, Instituto de enseñanza, Círculo literario y artístico  un aspecto de su personalidad no ha sido destacado, creemos, con caracteres equivalentes a su verdadera importancia. Se trata del Ateneo como círculo de convivencia, hogar espiritual de los intelectuales madrileños, centro de confluencia de opiniones encontradas acerca de la función del intelectual en la Sociedad, muestrario privilegiado de las transformaciones sufridas por las propias capas intelectuales a lo largo de una etapa histórica en que se produce su eclosión y protagonismo.

Y, sin. Embargo, apenas es posible completar el estudio de la cultura en la época liberal sin un trabajo de ~ este tipo, porque en ningún otro momento las tendencias predominantes, de la cultura y de la ciencia se han desarrollado con el menor débito
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